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Cuando hay que cuidar lo que se le dice a los hijos.

Esta historia me pasó hace años cuando era chamaco, y es de las que uno se acuerda ya viejo y nos reímos todos. Pobre mi madre.

Para ponerlos en contexto. El café siempre ha sido parte de mi vida. Mi familia solía tener unas fincas de café, nada especial en realidad, pero sí tenían su brete y ocupaban pues lo normal de gente para trabajar en ellas: los que recogen el café, los que lo llevan al beneficio, los que cuidan la finca, etc.

Al final de la semana tocaba hacerles su pago y este usualmente se hacía en efectivo, entonces mi tata iba al banco, sacaba la plata, llegaba a la casa, hacía cuentas y listo, sobrecito con plata para todo el mundo.

Claro, esto lo entiendo yo ahora, pero cuando era chamaco el mundo de las finanzas y cosas administrativas de finca ni por la cabeza me pasaban.

Para no hacerles largo el cuento, un día llego de la escuela a la casa y entro al cuarto de mis papás y hay un mar de billetes nuevecitos en la cama, pero era algo exagerado. Y yo obviamente solo pude decir: “¡WOW! ¿Y esa plata?”

Mi papá se ríe y me dice: “Estos… Ah, yo los hice. ¿Ves que están nuevos, nuevos?”

Yo lo miré todo admirado y nada, ahí quedó.

Al día siguiente… mi madre tiene que ir al súper a comprar cosas y yo me voy con ella. Era cerca de la casa, así que íbamos caminando. Cuando ya estábamos en la caja y tocaba pagar, mi madre saca unos billetes nuevos (del mismo grupo de billetes que yo había visto ayer).

Obvio, cuando vi los billetes solo pude decir: “¡Ah, mirá, esos son los que hace papi en la casa!”

Ni les puedo contar la cara de todo el mundo. El cajero, el mae de seguridad, mi madre… La doña empezó a revisar los billetes uno por uno. A mi mamá se la llevaron a una oficina a interrogarla por lo que había dicho el niño (porque los niños no mienten).

Al final no pasó nada y se aclaró que era un malentendido. Pero entenderás que ese día el café de la tarde fue un sermón sobre tener cuidado con las cosas que se les dicen a los chiquitos, porque ellos lo entienden literal. Ah, y por mucho tiempo mi mamá no volvió a ese súper.

Esa es mi historia. Y brindo con un café.

 

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